08 febrero 2012

PARTE 2


SEGUNDA SESIÓN

-¿Cómo estás?
-Bien -comentó por lo bajo.
-¿A qué querés jugar hoy?
-Quiero dibujar.
-¿Te dejan dibujar en tu casa?
-Sí.
-¿Tenés muchos dibujos?
-Sí.
-Algún día me gustaría que trajeras alguno para que los vea.
-Bueno.
-Acá tenés unos papeles. Sólo tengo unas biromes.
Sus manos se apropiaron de las hojas y empezaron a pintar. Una línea por aquí, otra por allá y pronto el papel se cubrió de negro y azul.
-¿Qué tal ha estado Luna?
-Bien. Algo molesta.
-¿Qué le pasó?
-Dice que los perros del barrio son muy tontos, que sólo saben de huesos, olores y comida. Es por eso que no tiene amigos de su especie.
-¿Vos tenés amigos?
-Claro, Luna es mi amiga.
-¿Amigos de tu especie?
-Los chicos de mi edad también son tontos. Dicen que estoy loca.
-Eso es muy grave.
-Me golpean en clases porque digo que Luna me habla.
-Luzmila, a veces hay gente que no ve lo mismo que otra persona.
-Los odio.
Parece demasiado tierna y dulce como para realmente odiar a alguien. Más aún con ese vestido rosa que estoy seguro su madre la obligó a usar.
-El odio es un sentimiento muy fuerte. ¿Qué sentís cuando los ves?
-Me molestan... Siempre que pueden me gritan cosas feas.
-¿Qué te dicen?
-Que soy una nena de mamá.
-¿Por qué pensás que te dicen eso?
-Porque es mamá quien sale a defenderme cuando me agreden.
-¿Eso te molesta?
-No... -detuvo su trabajo y luego lo retomó con más entusiasmo-. Si ella no me ayudara las cosas serían mejor.
-¿Por qué decís eso? Te atacarían igual.
-Pero tendrían menos motivos para hacerlo. Luna dice que no me preocupe, que son sólo niños pero yo le digo que yo también lo soy y no ando maltratando a la gente por todas partes.
-Ella tiene razón y vos también. Lo que tenés que pensar es que ellos quizás no tienen una buena madre como la tuya que les enseñe a portarse bien.
-No dejo de odiarlos.

Se recostó sobre el verde del césped. El sol le sonreía a la distancia aunque no lograba acariciarla porque ella se protegía con la sombra de un árbol.
-Vacaciones al fin -un muchacho comentó.
-Me las tenías merecidas -una chica colorada agregó.
-Por supuesto, después de todo el esfuerzo que hiciste -bromeó otro chico.
-¡Hey! Podrán decir que no trabajé en todo el año pero en el último período me esforcé -se quejó la joven.
-¿Y vos, Luz? ¿Estás preparada para las vacaciones?
-Siempre lo estuve -comentó mientras se levantaba-. Vamos a pasar este verano en la pileta de la casa de Funes de Lucas (aquel chico contento por la llegada de las vacaciones), después vamos a tocar la guitarra junto con Ariel (el bromista) y a tomar esos tererés tan ricos que prepara Victoria (aquella que se salvó de rendir en diciembre por los pelos).
-Va a ser genial, lo presiento -sonrió Lucas.
-Así es.
Se volvió a recostar pero esta vez cerró los ojos. Sentía el calor del sol sobre ella como la textura del pasto debajo. El aire soplaba suavemente y los árboles sacudían sus hojas. Los pájaros cantaban en lo alto y todo parecía sumergir a Luzmila en la comodidad suficiente como para quedarse dormida.

-Cambiemos de tema. ¿Qué te dicen tus padres cuando les dices que Luna te habla?
-Mamá se enfada.
Al parecer por aquí viene el odio.
-Dice que no tengo que decir eso, que está mal.
-¿Y tu papá?
-Me pregunta sobre lo que hablamos pero mamá siempre lo reta cuando hace eso.

-¿Se pusieron a pensar que este es el último año de secundaria? -preguntó Ariel.
-No, por favor no.
-¿Qué?
-No empieces con tu momento melancólico -le suplicó Victoria pero no hubo nada que hacer.
-Es cierto, nuestro último año -repitió Luzmila-. Y después la facultad.
-No estoy muy seguro de eso -comentó Lucas.
-¿De qué hablás? ¿No vas a estudiar? -Vicki comenzaba a exaltarse, había un detalle que se le había escapado y ella no podía permitirse eso.
-Aún no lo he decidido. Llevo ahorrando hace mucho tiempo para viajar a Europa.
-Vos y tus locos sueños.
-¿En serio? ¿Pensás irte todo el año? -preguntó Ariel.
-Es lo que tenía en mente.
-¿Qué vamos a hacer sin vos?
-Tampoco es para tanto. Es el próximo año y, además, cada uno va a estar metido en sus estudios. Seguro va a pasar rápido.
-Supongo... -suspiró Ariel.
-¿Qué van a estudiar?
-¡Dios! Y pensar que hace unos años nuestras piernas temblaban por ingresar a la secundaria.
-Mi hermano me ayudó mucho con eso -Ariel añadió-. Me asustaba diciéndome que los estudiantes eran malos y que se molestaban con todos los de séptimo. Fue una suerte que no mojara mis pantalones el primer día de clase.
Todos rieron.
-En serio, ¿Qué tienen en mente para el futuro? -Luzmila insistió.
-Bellas artes -Ariel respondió-. No puedo rechazar el arte que hace tantos años vengo desarrollando.
-Eso sí que me sorprendió -Lucas exclamó-. Hasta hace unos meses querías ser abogado.
-Lo sé -sus ojos brillaron. Lo notó-. Era más bien la influencia de mi viejo. Al fin pude hacerle frente y decidir -sonrió.
-¡Miren a nuestro valiente Ariel! -lo apoyaron todos.
-Yo voy directo a letras.
-No puedo decir que sea una sorpresa... -Luz comentó- pero me sorprende que no nos hayas sorprendido con la decisión que tomaste.
-¡Es cierto! ¿Quién imaginaría que la impulsiva Victoria se inclinaría por una carrera que junta lo que ella ha venido haciendo toda su vida?
-Nada distinto, ningún cambio.
-Ahí está el error -cejas arqueadas, ojos semicerrados, bocas abiertas-. Lo que me interesa es enseñar. Soy tan increíble que nuevamente los he sorprendido a todos.
-Misión cumplida supongo -sonrió Ari-. Nos has dejado boquiabiertos.
-¿Y vos, Luz?

Silencio absoluto. El magnífico e inquietante silencio. Sin palabras ni sonidos, únicamente una alarma de un auto descontrolado que probablemente no estaba siendo robado en realidad. Seguramente el vehículo, en vista de una necesidad, se había visto obligado a usar su aviso infernal para llamar la atención de aquel dueño que lo había abandonado, que lo había dejado solo y, aún peor, rodeado de desconocidos.
-Me gusta que no hablemos -susurró dulcemente.
Le gusta pero aún así se atreve a acabar con él.
-¿Querés que permanezcamos en silencio el resto de la sesión?
-No.
-¿Por qué es eso? Dijiste que te gustaba.
-El silencio no existe.
-¿Qué te hace pensar eso?
-Cada vez que menos sonidos hay los oídos oyen más. Si uno sabe escuchar el silencio nunca perdura. Es una ilusión.
Parece tan misteriosa para su edad. Como si supiera más de lo que cuenta.
-¿Te gustaría oír... -¿Qué palabra tendría más sentido para usar en esta oración? ¿Qué palabra sería la adecuada?- el “silencio”?
Rió.
-Sí.
Dibujaba sin parar. Negro por allí, azul por allá. Alegre su rostro y suave su pintar. Alarma de un automóvil. ¡Qué molesto! ¿Dónde está el propietario para apagarla? Bocinas. ¡A veces la ciudad es un infierno! Martillos y palas sacando tierra. ¡Esa construcción de mierda! El canto de las aves. Increíblemente hermoso. Definitivamente es una suerte que tantos ruidos no nos alejen de tan hermosas melodías. Perros ladrando, gatos maullando. La gente podrá decir que son molestos pero lo cierto es que aquellas voces permiten que uno se relaje. El agua mecida por el viento. No estamos tan cerca del río. Las hojas danzantes en los árboles. ¿Bosques? ¿Qué es eso? Iván. ¿Quién dijo eso? ¡Iván! ¡¿Quién es?!
-¡Iván!
Saltó en su silla y volvió a ver.
-Sí, Luzmila, disculpá. ¿Qué pasa? -acomodó sus lentes.
-El timbre está sonando.
-Sí. Tu mamá debe estar acá.
-¿Pudo escuchar algo?
-Sí, eso creo... Pero te lo diré la próxima semana y hablaremos de eso.
Sonrió mientras salía por la puerta y su madre la acompañaba. Esta vez no hubo una charla final.
Volvió. El estudio como siempre lo esperaba. Un dibujo. Un bosque, un lago y pájaros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Seguidores