28 agosto 2011

Caminé alrededor del lago acariciando con mis pies sus frías aguas que, divertidas y juguetonas, iban y venían arrastrando historias y murmullos.
Mi corazón hablaba demasiado fuerte e intentar callarlo hubiera sido totalmente inútil. Él gritaba y divulgaba por todo alrededor los secretos que yo, tan cuidadosamente, había guardado. Decía que amaba a Ariel y que siempre lo había hecho. Desde el primer instante en que había volteado y sus ojos habían captado mi atención lo había amado y ni yo podía negarlo.
Era libre, en ese momento y en ese lugar me sentía totalmente fuera de los límites y de las restricciones. Estaba fuera de las murallas de la represión y simplemente era yo, como siempre había sido y como siempre había escondido hasta ese momento en que mi ser había volado lejos de las fronteras. Era fiel a mí misma, era honesta con lo que sentía y tenía bien en claro lo que quería. Claro está, estaba viviendo una utopía.

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