18 mayo 2012

PARTE 8


El sol brillaba en lo alto del cielo y, a la sombra de un viejo árbol, Luzmila leía el segundo libro que había sacado de la biblioteca en la cual trabajaba: “Cuentos de amor, de locura y de muerte”. ¡Me encanta! Quiroga realmente escribe hermoso. Junto a ella, apoyando su cabeza sobre sus piernas, Luna descansaba. La brisa que corría permitía soportar el intenso calor que parecía haber abrazado aquellos días de verano.
El parque estaba bastante desolado para esa época del año. Lo cierto es que si no se encontraba un buen lugar con sombra, estar allí era un calvario. Unos pocos pasaban caminando con su perro al lado, no viendo la hora de volver a sus casas para refugiarse con el aire acondicionado, uno o dos paseadores de perros trataban de que las correas no se enredasen ni que los perros se enemistasen, algunas parejas acarameladas se besaban y charlaban abrazados y una señora, de no menos de 60 años, miraba el ir y venir de la gente sin tener, al parecer, nada más importante que hacer.
-¿Te gustó? -preguntó Luna al ver que Luz acababa de cerrar el libro y, con un brillo casi mágico en sus ojos, lo abrazaba contra su pecho.
-Hermoso, simplemente hermoso -le sonrió.
-¿Querés que vayamos volviendo?
-No, aún se está bien acá como para marcharnos.
-Eso no lo cuestiono, es solo que hace bastante salimos y tu mamá se va a preocupar.
La joven la miró mientras guardaba el libro en su bolso. Sus ojos decían demasiado, las palabras no bastaban para expresar lo mismo. ¿Realmente creés que se va a preocupar?
-Tenés razón. Sabe que vivís prácticamente en el parque.
-Además tengo un nuevo disco que bajé en casa y quiero escucharlo -le guiñó un ojo.
Hurgó en su bolso hasta encontrar su mp5 y, luego de prenderlo y elegir la música, se puso los auriculares y se dejó perder entre la brisa y la nueva melodía que, de a poco, comenzaba a cautivar sus oídos.
Take a look at my body, look at my hands,
there's so much here that I don't understand
your face saving promises, whispered like prayers
and I don't need them.
(...)
Well, is it dark enough? Can you see me?
Do you want me? Can you reach me?
Or I'm leaving...
Then you shut your mouth
and hold your breath,
you kiss me now,
you catch your death.
(…)
Su cuerpo se movía delicadamente al ritmo de la música que, al parecer, comenzaba a encantarla al punto de olvidar que estaba en un parque. Cerró sus ojos y jugó con sus manos marcando los tiempos de cada una de las canciones que, de a poco, llegaban a sus oídos. Su mente empezaba a aceptar que había hecho una buena elección. Natalie Merchant, cantautora de aquellas hermosas melodías y dueña de tan maravillosa voz, se estaba adentrando muy profundo en su corazón y, no se equivocaba al pensarlo, iba a ser muy difícil desprenderse de aquella música.
Abrió su boca y comenzó a cantar el estribillo que había podido memorizar de una de las canciones. Sonreía con los ojos cerrados, fascinada con lo que estaba sintiendo y sumergida en el momento.
Una mano sacudió suavemente su hombro y todo se volvió raro y ridículo. Abrió sus ojos a la vez que intentaba encontrar el reproductor de música. Se sacó los auriculares y esperó que quien la había perturbado le hablase.
-El parque está bastante vacío pero de todas formas no deberías estar cantando así -comentó mientras le sonreía-. Aunque tenés una linda voz.
-¿Qué hacés acá? -le preguntó bruscamente, con bronca. Nunca me dejo llevar por mis impulsos y cuando lo hago alguien tiene que hacérmelo notar. ¡Qué mierda!
-Te estaba buscando...
-Y seguro no fue difícil encontrarme. Con todo lo que sabés de mí también deberías saber cómo me siento ahora.
-No me gusta usar mis habilidades psicoanalíticas fuera de las sesiones -bromeó pero no provocó la risa de Luzmila-. De acuerdo, Luz, iré directo al grano antes de que me muerdas.
-No te das una idea de cuantas ganas tengo de hacerlo -dijo totalmente poseída por la rabia.
-Quería decirte que estuve pensando sobre lo que pasó. No quiero seguir siendo tu psicoanalista pero estoy dispuesto a ser tu amigo.
-¿Y por qué querría que fueras mi amigo?
-Porque necesitás uno y, quién mejor que yo. Te conozco mucho, lo sabés.
Tiene razón... Es tan fácil admitirlo pero decirlo es algo totalmente distinto.
-Sentate, te escucho.
Iván se sentó al lado de ella mientras Luna se acomodaba para darle algo de espacio.
-Te he tomado cariño, lo sabés. No me quedé bien con la discusión. Quiero ayudarte, Luz.
-Lo... siento. Nudo en la garganta. ¡Mierda! Yo tampoco estoy bien con lo que ocurrió.
-¿Podemos ser amigos entonces?
-Supongo...
-Vamos, Luzmila, no te hagás la difícil.
-No sé, Iván.
-Basta, Luz, dale una oportunidad -exclamó Luna y el joven palideció por completo-. Ya estaba harta de no poder hablar con nadie más -resopló mientras clavaba sus ojos fijos en el hombre que acababa de ser aturdido por sus palabras-. Confío en vos, no me decepciones.
-¿Me creés ahora, Iván?
-¿Cómo es posible?
-Te lo he venido diciendo desde pequeña pero nunca me creíste, ¿Qué decís ahora?
-Luzmila, no tengo más opción que aceptar como son las cosas. Sólo te pido que me des tiempo para que lo asimile, por favor.
Su frente comenzó a sudar demasiado y la manga de su camisa se volvió inútil para disimularlo.
-Calmate un poco.
-Es demasiado, necesito comprenderlo.
-No lo intentés porque no lo lograrás. A veces hay cosas que no se tienen que entender, sólo están y punto -Luna le susurró.
El silencio inundó la atmósfera. Ninguno de los presentes se movió, permanecieron inmóviles, cada uno en sus propios pensamientos. La incomodidad no se hizo presente y todo pareció demasiado normal y común para una situación que aparentaba no serlo. Luzmila comenzó a reír e Iván la acompañó.
-¿De qué te reís? -le preguntó cuando ambos pudieron detenerse.
-No sé, simplemente me causó gracia.
-Pues yo no le veo nada de gracioso -comentó Luna mientras el joven la observaba detenidamente.
-Será mejor que no digas nada por ahora, así se acostumbra -le sugirió y la perra se dispuso a dormir-. Así que ahora seremos amigos...
-Así es -le sonrió-. No va a ser fácil pero creo que vamos a poder manejarlo.
-¿Qué le ves de complicado a que seamos amigos? No van a ser muy diferentes las cosas.
-No lo entendés, Luz. Si vamos a ser amigos tenemos que conocernos mejor y, si bien yo puedo decir que te conozco, vos no sabés nada de mí -suspiró mientras tomaba el libro que Luzmila había estado leyendo-. Me gusta este libro.
-Ya sé eso de vos -rió la joven-. Pero si ese es el problema podemos solucionarlo ahora mismo. ¿Sos casado, tenés hijos? ¿Te gustan los deportes? ¿Ves televisión? ¿Qué hacés en tu tiempo libre? ¿Por qué te dedicaste a la psicología?
-¡Increíble! Nunca creí que una persona pudiera decir tantas palabras por minuto -rió casi descontroladamente.
-Perdón, es solo que siempre tuve curiosidad por saber cosas de tu vida -confesó mientras intentaba retener, en un esfuerzo inútil, su largo cabello en una trenza para luego decidirse por un discreto pero sereno rodete.
-De acuerdo, pero vamos de a poco, yo no hablo tan rápido -bromeó mientras dejaba su bolso, el cual llevaba aún agarrado a su cuerpo-. No estoy casado pero vivo con mi pareja.
-¿Hace cuanto que se conocen? -preguntó encantadísima de poder conocer una historia romántica más para añadir a su colección de romances.
-Van a ser once años. Nos conocimos por medio de unos amigos y empezamos a salir -sonrió mientras la joven le sonreía con aquellos ojos que no podían hacer más que ver todo lo que su imaginación planeaba-. Fue hace mucho pero las cosas no cambiaron tanto... Por lo menos esas cosas. Hijos no tengo.
-¿Te gustaría ser papá?
-Lo cierto es que sí, pero aún lo estamos pensando con Lucrecia. Aunque si fuera por mí ya habríamos tenido uno. No soy muy fanático de los deportes y la televisión no es algo en lo que ocupe mi tiempo. Me gusta más leer y mi pasión es dibujar.
-¿Vos pintaste los cuadros que están en tu consultorio?
-Así es.
¡Sí que tiene talento!
-Me dediqué a la psicología porque quería ayudar a otras personas y era una de las áreas que más me interesaban. El psicoanálisis es apasionante.
-Tiene que serlo, para que hayas decidido dedicarte el resto de tu vida a eso es porque realmente te apasiona. ¿No? Es por eso que lo elegiste. Si fuera tan fácil para mí...
-Luz, sé que estás mal porque no sabés qué hacer pero todavía tenés tiempo para pensarlo. Mientras no te dejes estar y le dediques tiempo, vas a descubrir qué querés hacer. No te preocupés.
-Sí, quizás no debería. Por lo menos por lo que queda del verano.
-Supongo que eso es bastante información sobre mí por hoy -se burló Iván-. Ahora contame algo vos. ¿Pasó algo últimamente?
-Creo que ahora que no sos mi psicoanalista me vas a poder ayudar con esto. Tuve unos sueños bastantes perturbadores, si podemos llamarlos así... -le contó lo que había pasado por su mente aquella noche y como todo tuvo lugar.
-Te diría lo mismo que te he venido diciendo, que seguro son únicamente sueños... -los ojos de la joven se abrieron como platos.
¿En qué cambia el hecho de que cambiemos el título de psicoanalista por el de amigo si sigue sin creerme y sin tratar de entenderme? Supongo que me apuré al pensar que sería distinto.
Soltó su pelo y lo dejó caer sin preocuparse mucho por los pequeños nudos que se habían formado y, que ella hubiera asegurado, parecían permanecer siempre en él. Cubrió su rostro suavemente con ellos dándole la oportunidad a Iván de quitárselos de enfrente.
-Pero hoy soy tu amigo y no tu psicoanalista -le sonrió mientras acomodaba su lacio pelo detrás de su oreja logrando que Luzmila se sonría también- y, viendo que lo que siempre me has dicho y me ha costado creer, como el hecho de que tu perra habla, es verdad, creo que en estos sueños debe haber algo escondido también.
-No puedo creer que vos me estés diciendo esas palabras -rió.
-Estoy de acuerdo, pensé que ibas a ser quien la hiciera entrar en razón, Iván -la perra se alzó bruscamente.
-¿Por qué no? -le preguntó tratando de asimilar, aún, que hablaba con una perra-. Después de esto, ¿Por qué no podemos dejar volar nuestra imaginación?
-¿Entonces tendré que ser yo la cuerda del grupo? -preguntó sin parecer querer obtener una respuesta-. Esos sueños no tienen nada de raro más que el hecho de que se los tomó muy en serio cuando sólo se trataba de su mente volando por vaya a saber uno donde.
-No estoy de acuerdo -comunicó Iván mientras se levantaba-. Pero en nuestra posición no podemos hacer nada. ¿Vamos a caminar un poco?
-Claro -la joven se levantó sonriente y tomó la correa de Luna cuando en realidad con decirle lo que debía hacer hubiera bastado. Pero no, ella sabía que debía guardar las apariencias y no cometería ese error.
Los tres se fueron del parque caminando. Luzmila sujetó el brazo de Iván como una niña lo hace con un padre, en busca de afecto, protección y comprensión. Siguieron hablando el resto del camino de cosas tan triviales como lo que ocurría en el grupo de amigos de la joven, nada muy complicado ni particular. Como buenos amigos, caminaron y charlaron perdiéndose en el momento hasta que la noche cubrió el cielo y las estrellas salieron a saludar.
-Será mejor que nosotras nos vayamos a casa -comentó Luzmila mientras los tres se detenían en una esquina.
-¿Querés que te acompañe? -Iván le preguntó pero ella se rehusó.
-Estoy a dos cuadras, no te preocupés -le sonrió y, después de un beso en la mejilla Iván se fue para un lado y Luz y Luna para el otro.
Adiós, nuevo amigo, espero que esto dure mucho tiempo. Sé que puedo confiar en vos y sé que me vas a ayudar.

Adiós, nueva amiga, estoy dispuesto a ayudarte y a ser ese hombro en el cual te apoyes cuando necesites a alguien. Espero que me llames y no te olvides de mí.

¡Qué locuras que dijeron hoy! Sueños son sueños y nada más, incoherencias de una chica con demasiada creatividad e imaginación. Supongo que seré yo quien le baje los pies a la tierra a esos dos.

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