El sol brillaba en
lo alto del cielo y, a la sombra de un viejo árbol, Luzmila leía el
segundo libro que había sacado de la biblioteca en la cual
trabajaba: “Cuentos de amor, de locura y de muerte”. ¡Me
encanta! Quiroga realmente escribe hermoso. Junto a ella,
apoyando su cabeza sobre sus piernas, Luna descansaba. La brisa que
corría permitía soportar el intenso calor que parecía haber
abrazado aquellos días de verano.
El parque estaba
bastante desolado para esa época del año. Lo cierto es que si no se
encontraba un buen lugar con sombra, estar allí era un calvario.
Unos pocos pasaban caminando con su perro al lado, no viendo la hora
de volver a sus casas para refugiarse con el aire acondicionado, uno
o dos paseadores de perros trataban de que las correas no se
enredasen ni que los perros se enemistasen, algunas parejas
acarameladas se besaban y charlaban abrazados y una señora, de no
menos de 60 años, miraba el ir y venir de la gente sin tener, al
parecer, nada más importante que hacer.
-¿Te gustó?
-preguntó Luna al ver que Luz acababa de cerrar el libro y, con un
brillo casi mágico en sus ojos, lo abrazaba contra su pecho.
-Hermoso,
simplemente hermoso -le sonrió.
-¿Querés que
vayamos volviendo?
-No, aún se está
bien acá como para marcharnos.
-Eso no lo
cuestiono, es solo que hace bastante salimos y tu mamá se va a
preocupar.
La joven la miró
mientras guardaba el libro en su bolso. Sus ojos decían demasiado,
las palabras no bastaban para expresar lo mismo. ¿Realmente creés
que se va a preocupar?
-Tenés razón.
Sabe que vivís prácticamente en el parque.
-Además tengo un
nuevo disco que bajé en casa y quiero escucharlo -le guiñó un ojo.
Hurgó en su bolso
hasta encontrar su mp5 y, luego de prenderlo y elegir la música, se
puso los auriculares y se dejó perder entre la brisa y la nueva
melodía que, de a poco, comenzaba a cautivar sus oídos.
Take a look at
my body, look at my hands,
there's so much
here that I don't understand
your face
saving promises, whispered like prayers
and I don't
need them.
(...)
Well, is it
dark enough? Can you see me?
Do you want me?
Can you reach me?
Or I'm
leaving...
Then you shut
your mouth
and hold your
breath,
you kiss me
now,
you catch your
death.
(…)
Su cuerpo se movía
delicadamente al ritmo de la música que, al parecer, comenzaba a
encantarla al punto de olvidar que estaba en un parque. Cerró sus
ojos y jugó con sus manos marcando los tiempos de cada una de las
canciones que, de a poco, llegaban a sus oídos. Su mente empezaba a
aceptar que había hecho una buena elección. Natalie Merchant,
cantautora de aquellas hermosas melodías y dueña de tan maravillosa
voz, se estaba adentrando muy profundo en su corazón y, no se
equivocaba al pensarlo, iba a ser muy difícil desprenderse de
aquella música.
Abrió su boca y
comenzó a cantar el estribillo que había podido memorizar de una de
las canciones. Sonreía con los ojos cerrados, fascinada con lo que
estaba sintiendo y sumergida en el momento.
Una mano sacudió
suavemente su hombro y todo se volvió raro y ridículo. Abrió sus
ojos a la vez que intentaba encontrar el reproductor de música. Se
sacó los auriculares y esperó que quien la había perturbado le
hablase.
-El parque está
bastante vacío pero de todas formas no deberías estar cantando así
-comentó mientras le sonreía-. Aunque tenés una linda voz.
-¿Qué hacés
acá? -le preguntó bruscamente, con bronca. Nunca me dejo llevar
por mis impulsos y cuando lo hago alguien tiene que hacérmelo notar.
¡Qué mierda!
-Te estaba
buscando...
-Y seguro no fue
difícil encontrarme. Con todo lo que sabés de mí también deberías
saber cómo me siento ahora.
-No me gusta usar
mis habilidades psicoanalíticas fuera de las sesiones -bromeó pero
no provocó la risa de Luzmila-. De acuerdo, Luz, iré directo al
grano antes de que me muerdas.
-No te das una
idea de cuantas ganas tengo de hacerlo -dijo totalmente poseída por
la rabia.
-Quería decirte
que estuve pensando sobre lo que pasó. No quiero seguir siendo tu
psicoanalista pero estoy dispuesto a ser tu amigo.
-¿Y por qué
querría que fueras mi amigo?
-Porque necesitás
uno y, quién mejor que yo. Te conozco mucho, lo sabés.
Tiene razón...
Es tan fácil admitirlo pero decirlo es algo totalmente distinto.
-Sentate, te
escucho.
Iván se sentó al
lado de ella mientras Luna se acomodaba para darle algo de espacio.
-Te he tomado
cariño, lo sabés. No me quedé bien con la discusión. Quiero
ayudarte, Luz.
-Lo... siento.
Nudo en la garganta. ¡Mierda! Yo tampoco estoy bien con lo
que ocurrió.
-¿Podemos ser
amigos entonces?
-Supongo...
-Vamos, Luzmila,
no te hagás la difícil.
-No sé, Iván.
-Basta, Luz, dale
una oportunidad -exclamó Luna y el joven palideció por completo-.
Ya estaba harta de no poder hablar con nadie más -resopló mientras
clavaba sus ojos fijos en el hombre que acababa de ser aturdido por
sus palabras-. Confío en vos, no me decepciones.
-¿Me creés
ahora, Iván?
-¿Cómo es
posible?
-Te lo he venido
diciendo desde pequeña pero nunca me creíste, ¿Qué decís ahora?
-Luzmila, no tengo
más opción que aceptar como son las cosas. Sólo te pido que me des
tiempo para que lo asimile, por favor.
Su frente comenzó
a sudar demasiado y la manga de su camisa se volvió inútil para
disimularlo.
-Calmate un poco.
-Es demasiado,
necesito comprenderlo.
-No lo intentés
porque no lo lograrás. A veces hay cosas que no se tienen que
entender, sólo están y punto -Luna le susurró.
El silencio inundó
la atmósfera. Ninguno de los presentes se movió, permanecieron
inmóviles, cada uno en sus propios pensamientos. La incomodidad no
se hizo presente y todo pareció demasiado normal y común para una
situación que aparentaba no serlo. Luzmila comenzó a reír e Iván
la acompañó.
-¿De qué te
reís? -le preguntó cuando ambos pudieron detenerse.
-No sé,
simplemente me causó gracia.
-Pues yo no le veo
nada de gracioso -comentó Luna mientras el joven la observaba
detenidamente.
-Será mejor que
no digas nada por ahora, así se acostumbra -le sugirió y la perra
se dispuso a dormir-. Así que ahora seremos amigos...
-Así es -le
sonrió-. No va a ser fácil pero creo que vamos a poder manejarlo.
-¿Qué le ves de
complicado a que seamos amigos? No van a ser muy diferentes las
cosas.
-No lo entendés,
Luz. Si vamos a ser amigos tenemos que conocernos mejor y, si bien yo
puedo decir que te conozco, vos no sabés nada de mí -suspiró
mientras tomaba el libro que Luzmila había estado leyendo-. Me gusta
este libro.
-Ya sé eso de vos
-rió la joven-. Pero si ese es el problema podemos solucionarlo
ahora mismo. ¿Sos casado, tenés hijos? ¿Te gustan los deportes?
¿Ves televisión? ¿Qué hacés en tu tiempo libre? ¿Por qué te
dedicaste a la psicología?
-¡Increíble!
Nunca creí que una persona pudiera decir tantas palabras por minuto
-rió casi descontroladamente.
-Perdón, es solo
que siempre tuve curiosidad por saber cosas de tu vida -confesó
mientras intentaba retener, en un esfuerzo inútil, su largo cabello
en una trenza para luego decidirse por un discreto pero sereno
rodete.
-De acuerdo, pero
vamos de a poco, yo no hablo tan rápido -bromeó mientras dejaba su
bolso, el cual llevaba aún agarrado a su cuerpo-. No estoy casado
pero vivo con mi pareja.
-¿Hace cuanto que
se conocen? -preguntó encantadísima de poder conocer una historia
romántica más para añadir a su colección de romances.
-Van a ser once
años. Nos conocimos por medio de unos amigos y empezamos a salir
-sonrió mientras la joven le sonreía con aquellos ojos que no
podían hacer más que ver todo lo que su imaginación planeaba-. Fue
hace mucho pero las cosas no cambiaron tanto... Por lo menos esas
cosas. Hijos no tengo.
-¿Te gustaría
ser papá?
-Lo cierto es que
sí, pero aún lo estamos pensando con Lucrecia. Aunque si fuera
por mí ya habríamos tenido uno. No soy muy fanático de los
deportes y la televisión no es algo en lo que ocupe mi tiempo. Me
gusta más leer y mi pasión es dibujar.
-¿Vos pintaste
los cuadros que están en tu consultorio?
-Así es.
¡Sí que tiene
talento!
-Me dediqué a la
psicología porque quería ayudar a otras personas y era una de las
áreas que más me interesaban. El psicoanálisis es apasionante.
-Tiene que serlo,
para que hayas decidido dedicarte el resto de tu vida a eso es porque
realmente te apasiona. ¿No? Es por eso que lo elegiste. Si fuera
tan fácil para mí...
-Luz, sé que
estás mal porque no sabés qué hacer pero todavía tenés tiempo
para pensarlo. Mientras no te dejes estar y le dediques tiempo, vas a
descubrir qué querés hacer. No te preocupés.
-Sí, quizás no
debería. Por lo menos por lo que queda del verano.
-Supongo que eso
es bastante información sobre mí por hoy -se burló Iván-. Ahora
contame algo vos. ¿Pasó algo últimamente?
-Creo que ahora
que no sos mi psicoanalista me vas a poder ayudar con esto. Tuve unos
sueños bastantes perturbadores, si podemos llamarlos así... -le
contó lo que había pasado por su mente aquella noche y como todo
tuvo lugar.
-Te diría lo
mismo que te he venido diciendo, que seguro son únicamente sueños...
-los ojos de la joven se abrieron como platos.
¿En qué
cambia el hecho de que cambiemos el título de psicoanalista por el
de amigo si sigue sin creerme y sin tratar de entenderme? Supongo que
me apuré al pensar que sería distinto.
Soltó su pelo y
lo dejó caer sin preocuparse mucho por los pequeños nudos que se
habían formado y, que ella hubiera asegurado, parecían permanecer
siempre en él. Cubrió su rostro suavemente con ellos dándole la
oportunidad a Iván de quitárselos de enfrente.
-Pero hoy soy tu
amigo y no tu psicoanalista -le sonrió mientras acomodaba su lacio
pelo detrás de su oreja logrando que Luzmila se sonría también- y,
viendo que lo que siempre me has dicho y me ha costado creer, como el
hecho de que tu perra habla, es verdad, creo que en estos sueños
debe haber algo escondido también.
-No puedo creer
que vos me estés diciendo esas palabras -rió.
-Estoy de acuerdo,
pensé que ibas a ser quien la hiciera entrar en razón, Iván -la
perra se alzó bruscamente.
-¿Por qué no?
-le preguntó tratando de asimilar, aún, que hablaba con una perra-.
Después de esto, ¿Por qué no podemos dejar volar nuestra
imaginación?
-¿Entonces tendré
que ser yo la cuerda del grupo? -preguntó sin parecer querer obtener
una respuesta-. Esos sueños no tienen nada de raro más que el hecho
de que se los tomó muy en serio cuando sólo se trataba de su mente
volando por vaya a saber uno donde.
-No estoy de
acuerdo -comunicó Iván mientras se levantaba-. Pero en nuestra
posición no podemos hacer nada. ¿Vamos a caminar un poco?
-Claro -la joven
se levantó sonriente y tomó la correa de Luna cuando en realidad
con decirle lo que debía hacer hubiera bastado. Pero no, ella sabía
que debía guardar las apariencias y no cometería ese error.
Los tres se fueron
del parque caminando. Luzmila sujetó el brazo de Iván como una niña
lo hace con un padre, en busca de afecto, protección y comprensión.
Siguieron hablando el resto del camino de cosas tan triviales como lo
que ocurría en el grupo de amigos de la joven, nada muy complicado
ni particular. Como buenos amigos, caminaron y charlaron perdiéndose
en el momento hasta que la noche cubrió el cielo y las estrellas
salieron a saludar.
-Será mejor que
nosotras nos vayamos a casa -comentó Luzmila mientras los tres se
detenían en una esquina.
-¿Querés que te
acompañe? -Iván le preguntó pero ella se rehusó.
-Estoy a dos
cuadras, no te preocupés -le sonrió y, después de un beso en la
mejilla Iván se fue para un lado y Luz y Luna para el otro.
Adiós, nuevo
amigo, espero que esto dure mucho tiempo. Sé que puedo confiar en
vos y sé que me vas a ayudar.
Adiós, nueva
amiga, estoy dispuesto a ayudarte y a ser ese hombro en el cual te
apoyes cuando necesites a alguien. Espero que me llames y no te
olvides de mí.
¡Qué locuras
que dijeron hoy! Sueños son sueños y nada más, incoherencias de
una chica con demasiada creatividad e imaginación. Supongo que seré
yo quien le baje los pies a la tierra a esos dos.
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