17 abril 2012

PARTE 7


Corrió. ¿Qué otra cosa podía hacer? Sabía muy dentro de ella que la estaban siguiendo y que nunca se cansarían de hacerlo. Tenía que correr. Esquivar las ramas, saltar los troncos, no tropezar con las raíces y, ante todo, no detenerse. Su vida dependía de su destreza. Las lágrimas la invadieron y se escaparon por sus ojos en un intento desesperado por detener el dolor que su pecho parecía no poder soportar más. Se mezclaron con la sangre, la tierra y el sudor.
¿Hacía cuanto tiempo que huía? No podía siquiera recordarlo. ¿Cuándo había comenzado todo? ¿Alguna vez las cosas fueron diferentes? No lo sabía, no podía descubrir en su pasado las respuestas a aquellas preguntas que tanto la hostigaban. Correr. ¡Tengo que correr! Su boca se llenó de sangre y, sin detenerse, escupió con bronca, con rabia y con ira. ¡Estaba furiosa! No había podido descansar desde que todo había comenzado aún cuando ni siquiera sabía cuando lo había hecho.
Al principio eran tres... Muertos de las formas más estúpidas e inútiles... Los conoció por pura coincidencia, si es que así se le puede llamar, y cuando se unieron lo suficiente como para poder llamarse amigos comenzó la cacería.
Uno por uno fueron cayendo... Primero fue Eva, apenas 17 años de edad se esfumaron en la nada en un solo instante en que cortaron su cabeza. La sorprendieron durmiendo aunque realmente ella nunca logró abrir los ojos. Nunca supo si estaba muerta o viva y nunca supieron qué fue de ella. Marcos la siguió... ¿Por qué no nos dejan en paz? Comenzaron su odisea si es que así puede llamársela, comenzaron su exilio a un lugar desconocido e inexistente. Su única salida era desaparecer y esa no era una opción accesible. Él... ¿Por qué tuviste que hacerlo, Marcos? Se ofreció como sacrificio. Accedió a ser la carnada que los distrajera y les diera tiempo de escapar a las dos que quedaban... La pequeña y dulce Ángela y la última... Quedó a su cuidado... ¡La dejé morir! Ella se encargaría de la niña pero no pudo hacerlo, la dejó sola y los cazadores no tardaron en llegar. La encontró aunque lo correcto sería decir que lo encontró. Su cadáver era lo único que había en ese lugar donde la había abandonado para buscar alimentos creyendo, ingenuamente, que habían sacado ventaja a sus perseguidores. ¡¿POR QUÉ?!
Fue en ese instante que todo se detuvo... Tropezó, cayó, rodó por una parte empinada del bosque y todo dejó de moverse, ella lo hizo. No había salida. Todo había sido en vano e inútil. Lloró con todas sus fuerzas acostada en la tierra húmeda. Su rostro pintado con sangre no podía soportar tanto dolor. Gritó e insultó a sus atacantes. Lo sintió. El hacha atravesó su corazón y su cuerpo se vio triturado y machacado por aquellas criaturas viles y crueles. Ella lloró hasta que no hubo más nada.
Su corazón se detuvo y sus ojos observaron la nada porque sus ojos ya no veían nada... No había nada para ver, sentir, oler, oír ni saborear... Ya no había nada...

-¡Luzmila! -Luna gritó mientras trataba de despertarla.
-¿¡Qué!? ¿¡Qué pasa!? -se levantó bruscamente.
-¿Estás bien? Te escuché murmurar...
-Sí, sólo fue una pesadilla... Estoy bien.
La perra se recostó en su colchón y cerró sus ojos. Los de Luz permanecieron abiertos. Salió de debajo de las sábanas y fue a alimentar a sus peces.
-¿No podés dormir? -su amiga levantó la cabeza.
-No...
-¿Qué fue lo que soñaste?
-No es eso lo que me tiene mal sino lo que sentí... Me sentí tan acorralada, agredida e impotente...
Sus ojos marrones se perdieron en el agua. Los tres peces que allí tenía eran su pasión. Uno, negro como el petróleo, comía el alimento que Luzmila había hecho caer en la pequeña representación de mar que allí poseía; otro, azul, negro y amarillo, igual a aquel personaje de “Buscando a Nemo” que tanto la había fascinado de pequeña, nadaba en busca de algo para hacer y; el último, amarillo y blanco, se ocultaba detrás de lo que simulaban ser algas.
Su corazón se sentía tan atado, tan molesto y tan vacío aunque Luzmila desconocía con qué debía llenarlo.
-¿Recordás que siempre te hablo de ese aura enigmático y misterioso que tenés?
-Ajá...
-Bueno, en este momento estás logrando una atmósfera bastante... Extraña. ¿Tiene que ver con este sueño?
-Me dejó una sensación muy difícil de explicar. Es como si fuera más que un sueño, Luna, como si me quisieran decir algo de mí que desconozco.
-¿Podrías tratar de decirme cómo era ese sueño?
La muchacha le explicó todo lo que recordaba. La persecución seguida de los recuerdos que venían a su mente, de aquellos jóvenes asesinados sin motivo alguno.
-A veces son solo cosas que no significan nada...
-Luna, te estoy diciendo que no fue solo eso.
-Vos con tu imaginación sos capaz de darle ese tinte misterioso a todo lo que ocurre en tu vida cuando las cosas son más normales de lo que pensás.
-Lo dice una perra a quien yo misma le enseñé a hablar y a leer, eso no tiene mucho sentido. Eso no es normal, sólo en nuestra vida lo es. Así que puede ser que este sueño signifique algo más...
-Es un buen punto, no puedo negarlo. ¿Y qué pensás hacer con eso? ¿Cómo pensás averiguar de qué se trata, qué te quieren decir?
-Supongo que tengo que esperar que las señales lleguen a mí...
-Entonces creo que por ahora lo mejor que podemos hacer es dormir -bajó su cabeza dispuesta a perderse en las penumbras del sueño y, al rato, su amiga la siguió.

-¡¿Matarnos?! ¿Por qué querrían matarnos? -estaba aterrada.
-No lo sé pero ya acabaron con Eva y vienen a por nosotros -el muchacho respondió.
-Tenemos que huir. Conseguir alimento, un poco de ropa e irnos -se levantó dispuesta a guardar algunas cosas en su bolso.
-Hay que hacerlo. ¿Pero a dónde vamos? No es tan fácil moverse entre las aduanas, no disponemos de dinero ni nada. No tenemos un auto...
-Huiremos por los bosques, las provincias no se dividen por murallas, huiremos por los lugares no habitados por el hombre. Vamos, Ángela, empezá a armar tu mochila.
-Es una locura.
-Lo sé pero... ¿Qué otra opción tenemos? Vendrán por nosotros y no pretendo esperarlos sin hacer nada.
-Supongo que todo se resume a que tendremos que ayudarnos entre nosotros -el chico murmuró mientras ayudaba a la pequeña, no tan pequeña, a guardar sus cosas.
-Así es.
-¿Y qué hay sobre averiguar qué quieren de nosotros? -preguntó la más joven un tanto molesta por todo.
-No tenemos muchas opciones al respecto. No podemos preguntarles, y detenernos para buscar información sería estúpido.
-No podemos vivir huyendo.
-No podemos pero tenemos que... Rápido, vamos antes de que nos alcancen.
Salieron de una casa en plena noche y desaparecieron en la calle como sombras en busca de oscuridad.

Sus ojos se abrieron... No estaba asustada ni irritada, pero no podía seguir durmiendo.
¿Qué querrán decirme?

1 comentario:

  1. De pura casualidad me vengo a enterar que seguís publicando. Esporádicamente, pero siempre impecable, me encantan los giros de tuerca que das en cada entrega :D Seguí así!

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