Corrió. ¿Qué
otra cosa podía hacer? Sabía muy dentro de ella que la estaban
siguiendo y que nunca se cansarían de hacerlo. Tenía que correr.
Esquivar las ramas, saltar los troncos, no tropezar con las raíces
y, ante todo, no detenerse. Su vida dependía de su destreza. Las
lágrimas la invadieron y se escaparon por sus ojos en un intento
desesperado por detener el dolor que su pecho parecía no poder
soportar más. Se mezclaron con la sangre, la tierra y el sudor.
¿Hacía cuanto
tiempo que huía? No podía siquiera recordarlo. ¿Cuándo había
comenzado todo? ¿Alguna vez las cosas fueron diferentes? No
lo sabía, no podía descubrir en su pasado las respuestas a aquellas
preguntas que tanto la hostigaban. Correr. ¡Tengo que correr!
Su boca se llenó de sangre y, sin detenerse, escupió con bronca,
con rabia y con ira. ¡Estaba furiosa! No había podido descansar
desde que todo había comenzado aún cuando ni siquiera sabía cuando
lo había hecho.
Al principio eran
tres... Muertos de las formas más estúpidas e inútiles...
Los conoció por pura coincidencia, si es que así se le puede
llamar, y cuando se unieron lo suficiente como para poder llamarse
amigos comenzó la cacería.
Uno por uno fueron
cayendo... Primero fue Eva, apenas 17 años de edad se esfumaron en
la nada en un solo instante en que cortaron su cabeza. La
sorprendieron durmiendo aunque realmente ella nunca logró abrir los
ojos. Nunca supo si estaba muerta o viva y nunca supieron qué fue de
ella. Marcos la siguió... ¿Por qué no nos dejan en paz?
Comenzaron su odisea si es que así puede llamársela, comenzaron
su exilio a un lugar desconocido e inexistente. Su única salida era
desaparecer y esa no era una opción accesible. Él... ¿Por qué
tuviste que hacerlo, Marcos? Se ofreció como sacrificio. Accedió
a ser la carnada que los distrajera y les diera tiempo de escapar a
las dos que quedaban... La pequeña y dulce Ángela y la última...
Quedó a su cuidado... ¡La dejé morir! Ella se encargaría
de la niña pero no pudo hacerlo, la dejó sola y los cazadores no
tardaron en llegar. La encontró aunque lo correcto sería decir que
lo encontró. Su cadáver era lo único que había en ese lugar donde
la había abandonado para buscar alimentos creyendo, ingenuamente,
que habían sacado ventaja a sus perseguidores. ¡¿POR QUÉ?!
Fue en ese
instante que todo se detuvo... Tropezó, cayó, rodó por una parte
empinada del bosque y todo dejó de moverse, ella lo hizo. No había
salida. Todo había sido en vano e inútil. Lloró con todas sus
fuerzas acostada en la tierra húmeda. Su rostro pintado con sangre
no podía soportar tanto dolor. Gritó e insultó a sus atacantes. Lo
sintió. El hacha atravesó su corazón y su cuerpo se vio triturado
y machacado por aquellas criaturas viles y crueles. Ella lloró hasta
que no hubo más nada.
Su corazón se
detuvo y sus ojos observaron la nada porque sus ojos ya no veían
nada... No había nada para ver, sentir, oler, oír ni saborear... Ya
no había nada...
-¡Luzmila! -Luna
gritó mientras trataba de despertarla.
-¿¡Qué!? ¿¡Qué
pasa!? -se levantó bruscamente.
-¿Estás bien? Te
escuché murmurar...
-Sí, sólo fue
una pesadilla... Estoy bien.
La perra se
recostó en su colchón y cerró sus ojos. Los de Luz permanecieron
abiertos. Salió de debajo de las sábanas y fue a alimentar a sus
peces.
-¿No podés
dormir? -su amiga levantó la cabeza.
-No...
-¿Qué fue lo que
soñaste?
-No es eso lo que
me tiene mal sino lo que sentí... Me sentí tan acorralada, agredida
e impotente...
Sus ojos marrones
se perdieron en el agua. Los tres peces que allí tenía eran su
pasión. Uno, negro como el petróleo, comía el alimento que Luzmila
había hecho caer en la pequeña representación de mar que allí
poseía; otro, azul, negro y amarillo, igual a aquel personaje de
“Buscando a Nemo” que tanto la había fascinado de pequeña,
nadaba en busca de algo para hacer y; el último, amarillo y blanco,
se ocultaba detrás de lo que simulaban ser algas.
Su corazón se
sentía tan atado, tan molesto y tan vacío aunque Luzmila desconocía
con qué debía llenarlo.
-¿Recordás que
siempre te hablo de ese aura enigmático y misterioso que tenés?
-Ajá...
-Bueno, en este
momento estás logrando una atmósfera bastante... Extraña. ¿Tiene
que ver con este sueño?
-Me dejó una
sensación muy difícil de explicar. Es como si fuera más que un
sueño, Luna, como si me quisieran decir algo de mí que desconozco.
-¿Podrías tratar
de decirme cómo era ese sueño?
La muchacha le
explicó todo lo que recordaba. La persecución seguida de los
recuerdos que venían a su mente, de aquellos jóvenes asesinados sin
motivo alguno.
-A veces son solo
cosas que no significan nada...
-Luna, te estoy
diciendo que no fue solo eso.
-Vos con tu
imaginación sos capaz de darle ese tinte misterioso a todo lo que
ocurre en tu vida cuando las cosas son más normales de lo que
pensás.
-Lo dice una perra
a quien yo misma le enseñé a hablar y a leer, eso no tiene mucho
sentido. Eso no es normal, sólo en nuestra vida lo es. Así que
puede ser que este sueño signifique algo más...
-Es un buen punto,
no puedo negarlo. ¿Y qué pensás hacer con eso? ¿Cómo pensás
averiguar de qué se trata, qué te quieren decir?
-Supongo que tengo
que esperar que las señales lleguen a mí...
-Entonces creo que
por ahora lo mejor que podemos hacer es dormir -bajó su cabeza
dispuesta a perderse en las penumbras del sueño y, al rato, su amiga
la siguió.
-¡¿Matarnos?!
¿Por qué querrían matarnos? -estaba aterrada.
-No lo sé pero ya
acabaron con Eva y vienen a por nosotros -el muchacho respondió.
-Tenemos que huir.
Conseguir alimento, un poco de ropa e irnos -se levantó dispuesta a
guardar algunas cosas en su bolso.
-Hay que hacerlo.
¿Pero a dónde vamos? No es tan fácil moverse entre las aduanas, no
disponemos de dinero ni nada. No tenemos un auto...
-Huiremos por los
bosques, las provincias no se dividen por murallas, huiremos por los
lugares no habitados por el hombre. Vamos, Ángela, empezá a armar
tu mochila.
-Es una locura.
-Lo sé pero...
¿Qué otra opción tenemos? Vendrán por nosotros y no pretendo
esperarlos sin hacer nada.
-Supongo que todo
se resume a que tendremos que ayudarnos entre nosotros -el chico
murmuró mientras ayudaba a la pequeña, no tan pequeña, a guardar
sus cosas.
-Así es.
-¿Y qué hay
sobre averiguar qué quieren de nosotros? -preguntó la más joven un
tanto molesta por todo.
-No tenemos muchas
opciones al respecto. No podemos preguntarles, y detenernos para
buscar información sería estúpido.
-No podemos vivir
huyendo.
-No podemos pero
tenemos que... Rápido, vamos antes de que nos alcancen.
Salieron de una
casa en plena noche y desaparecieron en la calle como sombras en
busca de oscuridad.
Sus ojos se
abrieron... No estaba asustada ni irritada, pero no podía seguir
durmiendo.
¿Qué querrán
decirme?
De pura casualidad me vengo a enterar que seguís publicando. Esporádicamente, pero siempre impecable, me encantan los giros de tuerca que das en cada entrega :D Seguí así!
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