En ese momento la puerta de calle se abrió y allí pude ver lo que los demás veían en mí. Una chica de mi misma edad nos miraba asustada. Sus ojos color celeste detrás de su maquillaje negro parecían gritar desesperadamente por ayuda, pero si era como yo, nunca la tomaría. Además, el cigarrillo que tenía en la mano no le sentaba para nada bien.
Era una imagen que daba lástima.
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