31 diciembre 2010

Salí de allí con la frente en alto. No me molesté en saludar a mis ex-profesores, no me molesté en voltear a ver las caras de mis ex-compañeros y menos me preocupé por lo que las personas decían. A partir de ese instante era libre de hacer y decir lo que quería. Nada me importaba más que salir de ese colegio con una sonrisa en mi rostro. Orgullosa de haber terminado la escuela secundaria y de haber hecho lo que tenía ganas de hacer desde que comencé a estudiar allí. Al fin... Era libre de ese maldito lugar que tanto me había hecho sufrir. Era libre de tener que verle los rostros a profesores y a compañeros que me odiaban. No estaba obligada a ir nunca más a ese colegio. Las cadenas se estaban soltando y yo estaba dispuesta a salir corriendo en cuanto cayeran al suelo.

Caminé hasta encontrarme con mis verdaderos amigos. Ellos, los cuales me entendían mejor que nadie y que estaban ahí para apoyarme. Levanté la mano en la cual tenía el diploma y todos ellos me aplaudieron. No sé que pasó con el resto porque sólo me importaba lo que ellos hacían y decían. Así, con tan sólo decir una palabra nos marchamos. Ya era hora, ya nada me paraba y ahora el mundo tenía que abrirme las puertas porque allá iba.

Yo estaba orgullosa de ser la persona que era y nada iba a cambiar eso...

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